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Guajira

Bonanza marimbera, cúmulo de malas enseñanzas que algunos guajiros no han podido superar

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La ciudad lo mismo que algunos de sus habitantes han quedado estacando, sacando de la plata que tuvieron pero ahora andan limpios y quieren vivir del pasado de ‘Don Tuvo’, yo tuve plata, yo tuve carro.

Muchos son los guajiros que observan con cierto escepticismo las oportunidades que le ha puesto el creador en el camino, bien sea por el movimiento del mercado o por la misma naturaleza.

Nuestros ancestros recuerdan las tantas ocasiones que en su momento no desaprovecharon, las cuales les hubiese cambiado la vida. En términos generales, la bonanza fue un daño que le hizo a la sociedad mundial a La Guajira y que todavía algunos no han superado.

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Inicialmente, se presentó la comercialización del café, siendo el punto del arfil para enfrentar el nacimiento de la bonanza marimbera en donde aprendimos malos hábitos.

Esa bonanza nos educó muy mal. Los ricos del momento marcaron la pauta que trajo como consecuencia el malbaratar la plata que aparentemente se conseguía con poco esfuerzo. Los adinerados del momento encarecieron muchas cosas, entre ellas, las mismas carreras de taxis y que además, nos fue culturizando a tener que dejar muchas propinas.

Esa bonanza nos dejó la mala costumbre que a la hora de embriagarnos debía ser con whisky fino, a bloquear las vías bien sea para una actividad social como fiesta o velorio.

También nos dejó malos hábitos como el de paralizar la vía, cuando el conductor del vehículo le provoca servirse un trajo, bajarse para ofrecérselo a los conductores de los automotores que están detrás.

Marihuana
Esta fue la yerba que le atrofió el sentido a muchos guajiros.

Esa bonanza nos dejó el que a los guajiros fueran detestados en la ciudad de Cartagena, en cuya entrada había un aviso ‘No queremos guajiros’ como rechazo hacia los hijos de esta tierra. Cuentan que la Policía le exigía la cédula de ciudadanía y decía de La Guajira iban para atrás.

Muchos padres no permitían que sus hijos regresaran de vacaciones al Departamento, porque podían morir en cualquier esquina. En horas de la noche la gente de a pie se escondía de los vehículos para no encontrarse con ellos, porque podíamos ser objeto de blanco.

Este comportamiento ciudadano, obligó a las autoridades del Gobierno ordenaran la militarización de las localidades; por ejemplo, en Riohacha se debían realizar patrullajes y éstos estaban a cargo del Ejército Nacional y la Armada.

También en varias ocasiones debieron realizar limpieza social, inclusive, para que pudieran entrar las empresas que se encargarían de explotar nuestros recursos naturales.

A la gente de los pueblos bien sea de la zona sur de Riohacha o de los poblados de la troncal del Caribe le decían culo puyó, ‘jabao’ o corroncho. Estos términos eran despectivos para referirse a personas con cultura, quienes tienen un acento especial o un léxico impresionante.

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