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Ecoparques para la vida

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Ecoparques para la vida
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Octubre 02, 2020 – 11:55 p. m.
Por:
Editorial .

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Los parques ecológicos poblados de árboles, con senderos peatonales, con espacios para la recreación y pensados para servir como lugares de formación ambiental son un privilegio en cualquier parte del mundo. Más si esos oasis están en medio de una selva de cemento donde el verde no es más que un color de referencia.

Cali tiene diez ecoparques, algunos abandonados, otros en mejor estado y unos cuantos que empiezan a recibir la debida atención. El de Pízamos, ubicado en el barrio Marroquín II, corazón del Distrito de Aguablanca, es uno de esos milagros que alegran el alma caleña y hacen recuperar la fe en la ciudad. Pocos saben que ahí, en uno de los lugares más vulnerables de la capital del Valle, que es reflejo fiel del caos citadino, emergen 35.000 metros cuadrados de bosque tropical seco.

Son tres hectáreas y media que se han logrado conservar, en algunas épocas mejor que en otras, y no han sucumbido a la desordenada y desenfrenada urbanización del oriente caleño. Después de haber sufrido el abandonado y la indiferencia, el ecoparque de Pízamos resurge como resultado de las inversiones que se le han hecho para recuperar sus senderos y construir unos espacios que le permitan a la comunidad disfrutarlo así como apropiarse de él para su propio beneficio.

Con recursos de la sobretasa ambiental, la CVC y el Dagma hicieron una inversión de $1101 millones en la readecuación de un kilómetro de caminos peatonales, se construyó un auditorio abierto, se pusieron baños y se levantó una caseta de vigilancia. Desde hace algún tiempo se trabaja con la comunidad en un proceso de huertas caseras dentro del parque, que además de enseñarles las técnicas apropiadas ayuden a garantizarles su seguridad alimentaria, y con los colegios se trabaja en la educación ambiental de sus estudiantes, para que se conviertan en los guardianes que lo cuiden y lo hagan respetar.

Para eso deben servir los ecoparques en Cali. Para disfrutarlos, para observar la riqueza ecológica que albergan, para ser los pulmones de una ciudad que parece olvidar tantos privilegios que le ha dado la naturaleza, incluidos sus siete ríos o sus Farallones. Pero lo más importante es que se conviertan en lugares donde se vincule a la comunidad en un mismo propósito: cuidar los recursos naturales propios, y que sirvan como instrumento para la formación ciudadana alrededor del medio ambiente.
Lo que no pueden ser esos parques son espacios cerrados ni vedados para la gente.

Ahora que se ha dado un paso con la recuperación del ecoparque de Pízamos para Cali y los caleños, el propósito debe ser brindar la misma atención a los otros nueve que tiene la ciudad, algunos en franco deterioro y a los que no se les ha dado el cuidado necesario para protegerlos e intervenirlos para que se restablezcan sus funciones ambientales.

La capital del Valle se merece tener diez y más ecoparques, que absorban los gases dañinos que genera como el dióxido de carbono o el metano, que produzcan el oxígeno que necesita para respirar bien y que ayuden a formar ciudadanos responsables con su entorno natural.



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