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El infierno de Las Gardenias

El infierno de Las Gardenias

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En medio del pánico, la angustia y la intranquilidad.

“En Las Gardenias hay unas luchas de territorios, por cuestiones de la venta de drogas, que pasaron de ser tiraderas de piedra y hoy son tiraderas de bala”.

Así, con la desesperanza reflejada en su rostro, describe el diario vivir uno de los 70 habitantes del megaconjunto residencial, construido por el Gobierno Nacional en 2012 al sur de Barranquilla, que llegaron a la Personería Distrital a denunciar el drama y el peligro que afrontan.

El microtráfico, las riñas, los atracos y los enfrentamientos de pandillas, a bala, cuchillos y machetes, los homicidios, e incluso casos de violaciones, perturban a las familias residentes, que pasaron de la felicidad a la zozobra. La mayoría de ellos fueron beneficiados hace ocho años con un apartamento gratuito como desplazados por la violencia o damnificados de la trágica ola invernal de 2010.

“Uno sale a trabajar con el credo en la boca, porque no sabe qué pasará con sus hijos cuando regresen de clases, pues, pueden encontrarse con uno de estos estallidos de violencia y, como víctimas inocentes, pueden terminar en medio de una de esas trifulcas”, expresa temeroso el habitante que, bajo la reserva de su identidad, habló con Emisora Atlántico y Zona Cero.com.

Balas a cualquier hora

Cuatro hechos criminales forman parte del extenso dossier de asesinatos, ataques a bala y enfrentamientos que se han recrudecido en los últimos dos años:

Octubre de 2020: luego del atraco a cuatro personas hubo una batalla campal, con balacera incluida, en el amplio bulevar exterior; la Policía fue recibida a balazos y una joven resultó herida por una bala perdida.

Febrero de 2021: asesinaron a una pareja en el bloque 9. Las víctimas fueron Néider Fontalvo Borrero y Magalis Chourio.

Junio de 2021: un muerto a bala en el enfrentamiento de bandas de los bloques 7 y 8.

Julio de 2022, pandilleros de los bloques 6 y 7, durante encarnizada batalla, se enfrentaron a piedras contra balas: uno de los participantes fue herido por un disparo.

Si las noches son de temer, hace tiempo los fines de semana en Las Gardenias no son nada gratos, relatan los angustiados moradores:

“Cada fin de semana es el terror más grande que se vive, porque hay consumo de licor, consumo de sustancias prohibidas que llaman (drogas), y todo se encamina a que explotan las peleas, y usted, cuando menos de lo espera, sentado en su casa siente la plomacera”.

La última balacera, esta vez a plena luz del día, fue reciente. Sucedió hace una semana, el domingo 2 de octubre: un grupo de motorizados irrumpió en las vías aledañas al conjunto 6, dispararon contra los apartamentos y luego huyeron. No les importó que niños y otros vecinos jugaban y compartían en las áreas comunes.

Fronteras invisibles

Por los permanentes y sorpresivos ataques a bala, para protegerse muchas de las familias de los primeros pisos han cambiado las ventanas de vidrios por bloques, ladrillos y cemento; otras las tienen tapadas con cartones, plásticos y mallas metálicas, constatamos en un recorrido por la urbanización.

“Lo han hecho porque cuando se formaban las balaceras, a diestra y siniestra, las balas entraban por cualquier lado y la gente amanecía con balas en sus camas. Por eso, hoy los apartamentos se convirtieron en unas bodegas, sin ventanas de vidrios”.

En Las Gardenias viven cerca de 20 mil habitantes. Con 10 conjuntos o bloques residenciales, en los que construyeron 4.080 apartamentos, es tan grande como un Municipio. Tiene dos megacolegios para 3.500 estudiantes, una biblioteca, un centro de integración comunitario y un coliseo para 400 personas. Al lado la Alcaldía Distrital construyó un centro de salud y un centro de vida para la tercera edad.

Pero toda esa oferta institucional ha sido fracturada por el accionar delictivo.

En las denuncias de hace un mes en la Personería, las temerosas familias que ven en peligro sus vidas relataron que los grupos violentos establecieron “fronteras invisibles o líneas imaginarias”.

Quien ponga un pie donde ellos no quieren, se muere.

“Pueden matar a cualquiera que no tenga nada que ver con esos enfrentamientos”, advirtieron ante el Ministerio Público.


Discriminación social

Además de las fronteras imaginarias, el personero distrital, Miguel Ángel Alzate, relató a Emisora Atlántico Zona Cero.com que otro peligro en ciernes es que las pandillas de la urbanización están al servicio de bandas criminales, las mismas que extorsionan y manejan parte del lucrativo negocio del microtráfico, que en el Área Metropolitana mueve más de 120 mil millones de pesos al año, de acuerdo con un estudio de Planeación Nacional.

En medio de todo ese escenario incierto y de alto riesgo, acosados por la inseguridad, los residentes de Las Gardenias sufren otros efectos sociales imaginables, al punto de que cuando van a buscar empleo muchos prefieren no registrar en sus hojas de vida que residen allí.

Alzate manifestó que, ante la Personería, confesaron que se sienten “discriminados, estigmatizados y rechazados” en materia laboral.

“Pagamos un pecado sin ser pecadores”, fue parte de su queja por la estigmatización.

“Como la Comuna 13”

Con sus miedos a cuesta, la gente no entiende por qué en Las Gardenias nada pasa contra los responsables de los actos delictivos, a pesar de que las autoridades, en especial Policía y Fiscalía por denuncias de la comunidad, los tienen plenamente identificados, saben qué hacen, para qué utilizan los apartamentos y para quienes trabajan.

El personero explicó que la Ley de Vivienda y Hábitat fue modificada y terminó beneficiando a quienes delinquen desde esos inmuebles. Antes, si en los siguientes 10 años de haber recibido la vivienda gratuita una familia la usaba como ‘olla de microtráfico’, de manera directa podían revocarle la adjudicación y quitársela. Ese plazo fue reducido a 5 años. Ahora, para sacar a los jíbaros deben iniciar un largo y dispendioso proceso de extinción de dominio.

En la modificación de la ley también redujeron a 5 años el plazo que debía esperar una familia beneficiada para vender o arrendar su vivienda gratuita. Debido al espiral de violencia, del megaconjunto se han mudado más del 80% de los primeros favorecidos, quienes comenzaron a recibir los apartamentos en 2014. Hoy la mayoría de los residentes viven alquilados.

Tras evaluar los hechos criminales y los testimonios recibidos, el personero Miguel Ángel Alzate lanza la más severa alerta sobre en lo que puede terminar la urbanización. Advierte que, si no actúan en conjunto todas las autoridades y el sistema judicial de Barranquilla, “será como la Comuna 13 de Medellín”, desde donde, en una brutal mezcolanza, narcotraficantes, paramilitares y guerrilleros cometieron actos criminales en todo el Valle de la Aburrá.

En Las Gardenias no quieren el infierno de la violencia que, sin justicia ni ley, imponen unos pocos.

Twitter @JoseGranadosF

Por las balaceras, la mayoría de los apartamentos de los primeros pisos han cambiado las ventanas de vidrio por bloques y ladrillos.

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Publicado por jucebo

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