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miércoles, abril 8, 2020

Familia recuperó casa que le quitaron los ‘paras’ hace 20 años

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José Pablo Bolívar caminó sonriente, el miércoles de la semana pasada, por el casco urbano de San Roque, Antioquia, teniendo como destino el corregimiento Cristales.
Después de más de 20 años retornaría a su casa, la misma que tuvo que abandonar en 1999, cuando un jefe paramilitar se la quitó.

José Pablo es el primer habitante al que le han restituido su tierra en el casco urbano de Cristales.

Su caso fue catalogado como un hecho notorio, es decir, que no requería ningún medio de prueba que lo acredite, según pesa en el fallo. Esto porque los medios de comunicación de la época y las autoridades reseñaron la barbarie que vivió ese corregimiento, epicentro de desmovilización de más de 2.000 paramilitares en el 2003 y de la toma del poder de diversos frentes y grupos en años anteriores.

El anhelado viaje de regreso a su casa se le hizo eterno. José Pablo y su esposa, Ángela, se subieron en San Roque a una de las dos camionetas que llevaba la comisión judicial que iba a cumplir el fallo de restitución. Iban escoltados por dos patrullas de policía, intercaladas entre sí.

Eran solo 15 kilómetros, pero el camino era estrecho y estaba lleno de piedras y huecos.

Luego de 14 minutos de recorrido se comenzó a ver la iglesia del corregimiento, y en su calle principal estaba la casa de la que fueron despojados, que no se parecía en nada a la que dejaron a la fuerza.

En ese entonces, relata Pablo, su casa estaba en obra negra, pero sus ocupantes la derribaron y la edificaron de nuevo.

Con todos los recuerdos intactos, los exesposos se bajaron frente a su propiedad.

– ¿Cómo recuerda su casa?

– La casa era un poco más pequeña. Era más modesta, porque de todas maneras le colocaron cosas muy bonitas, solo que ya está muy acabada: es que 20 años son 20 años, pero sí está muy cambiada, totalmente –respondió Ángela.

Me llamaron de la Fiscalía a mostrarme y mirar una escritura que yo nunca la había hecho, pues entonces como a comparar firmas y a mirar qué era lo que había pasado. Y ahí fue donde empezó el proceso

En el predio, de 182 metros cuadrados, había personas viviendo. También tenía huecos y grandes cantidades de tierra, pues en la zona corrió el rumor de que allí había guacas y muchos fueron a buscar fortuna en ella.

Mientras esperaba tener las escrituras en sus manos, José Pabló manifestó sentirse contento de tener algo que ya “daba por perdido”.

Al final de la diligencia oficial recordó cómo fue que comenzó el proceso en la Unidad de Restitución de Tierras.

“Me llamaron de la Fiscalía a mostrarme y mirar una escritura que yo nunca la había hecho, pues entonces como a comparar firmas y a mirar qué era lo que había pasado. Y ahí fue donde empezó el proceso, ya fue hace como 11 años que empezó. Yo no estaba esperando esto”, dijo.

Hoy en día, con tranquilidad, haciendo memoria del proceso, José Pablo recuerda haber respondido ante la llamada que no había reclamado en el pasado su casa porque le daba miedo. De ella se había apoderado en ese año alias Jota, Jhon Jairo Montoya Franco, comandante de frente del bloque Metro y compañero sentimental de María Kristina Alzate Zuluaga, quien figuraba como actual titular inscrita del predio reclamado.

Esta zona de Antioquia era muy atractiva para los grupos paramilitares por el comercio del combustible, pues por debajo de estas modestas casas y fincas pasaban tubos de Ecopetrol, con el líquido listo para ser comercializado en las bombas del pueblo.

Así, quienes fueron testigos de la época cuentan que el momento más álgido fue cuando varios bloques intentaron sacar del territorio al bloque Metro, con armamento, explosivos y trincheras.

Primero entró el Cacique Nutibara y luego, el bloque Centauros, Central Bolívar y Héroes de Granada. “Yo siempre he visto películas de guerra y siempre digo que de lo que me tocó a mí vivir en esa zona, esas películas son juego de niños”, narró Pedro*, uno de los testigos de la barbarie en la época.

“A nosotros nos tocó hasta taparnos con colchones con estos pelados chiquitos, porque eso tiraban granadas cerquita de la casa, unas bombas, y eso apenas volaba por esos techos pura esquirla”, relató otro de los testigos.

Tras el exterminio del bloque, en el territorio ocurrió la desmovilización paramilitar, que trajo un poco de calma. Ahora, las personas dicen sentir un aire diferente en municipio, tanto en su zona rural, donde se han dictado 68 sentencias de restitución, como en la zona urbana.

Ya sentados en el pueblo y tras el acto judicial en el que se les devolvió su casa, Ángela y José Pablo lucen tranquilos, en compañía de uno de sus hijos que, aunque es el menor, ya tiene 29 años.

Ambos coinciden en dos cosas: vivir en la ciudad es diferente y “maluco”, pero también en que retornar al pueblo es muy complicado, tras años de vivir en Medellín y su valle de Aburrá, a donde llegaron en 2003. Su plan ahora está claro: “Arreglar la casa para hacerla vivible. Y arrendar, porque ¿qué más?”.

MELISSA ÁLVAREZ CORREA
REDACTORA DE ADN – MEDELLÍN

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