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Huila

La carrera 21, casi un mercado público en el sur de Neiva

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Se encuentra toda clase de negocios, formales e informales.

DIARIO DEL HUILA, CIUDAD

Por: Hernán Galindo

Son las 8 de la mañana de un sábado cualquiera en Neiva. El sol empieza a salir y ya golpea fuerte. El calor hace que la ropa se sienta pegajosa. Es el inicio de la hora ‘pico’ de un gran agite de tránsito de personas y vehículos en el sector vecino a la carrera 21 con calle 11, sur.

Es la vía de entrada a Santa Isabel, ubicado cerca al puente del Río del Oro, a unas cuadras de la Plaza Satélite del Sur. Es el barrio más antiguo de la Comuna Seis de la ciudad.

Se encuentra toda clase de negocios, formales e informales.

Los primeros habitantes fueron personas en busca de oportunidades, con necesidades, desplazadas, reubicadas de zonas de alto riesgo, “pero muy trabajadoras y emprendedoras”, cuenta Eutimio Montes, quien asegura que vive en el sector desde comienzo de los años sesenta.

Resultado del esfuerzo de muchas familias que hoy lo habitan, tiene servicios públicos, vías pavimentadas, parques y, especialmente, un inmenso comercio, de toda clase de elementos y artículos, en la carrera 21, que visitó Diario del Huila.

“De a poco fue creciendo, progresando. Con el paso de los años se fueron consiguiendo cosas. El barrio se fue expandiendo, llegó más y más gente, nacieron unos nuevos. Los lotes vacíos se fueron ocupando y urbanizando”, señala Montes, quien llegó con la familia de Ataco, Tolima, asediado por la violencia policía de mitad del Siglo XX.

Camellón del pueblo

Es la típica calle de un pueblo de cualquier municipio del país, en un día de mercado o de fin de semana, sábado o domingo. Almacenes a lado y lado de la vía, especialmente de frutas, verduras, panaderías y abarrotes. Ventas de huevos y panela; de pandeyucas, buñuelos, avena, guarapo y empanadas. Misceláneas, droguerías y montallantas, etc, etc…

La oferta de fruver es una de las más surtidas.

La oferta de fruver es una de las más surtidas.

Todos invadiendo el espacio público, ocupando los andenes, dueños de las zonas peatonales, obligando a la gente a disputar la calle con carros, motos y bicicletas que pasan raudos o estacionan en cualquier lugar, el que les quede más cómodo y vecino al lugar de compra al que se dirigen.

“La gente no respeta. No hay cultura ciudadana. Abren un negocio y no les importa invadir la acera, el andén. Ponen los bultos, cajas con toda clase de alimentos, letreros, mesas, sillas y toldos donde preparan la oferta de alimentos callejeros. Todo mundo hace lo que le parece y no hay quien ponga orden”, se queja una vecina, Domitila Cruz, que va para misión evangélica en Quebraditas.

Es que por aquí circulan muchas personas, de toda clase. No solamente quienes viven en el barrio, sino que es paso obligado a Timanco, El Caguán, Emayá y los conjuntos de casas y torres residenciales construidos en los recientes años, aumentando el tráfico vehicular.

Para completar, los andenes también sirven de depósitos de canecas, bolsas, talegos y toda clase de basuras y deshechos. Igual la vía pública, a donde se arroja las sobras del comercio o de los visitantes. Todo va a parar al espacio público, y, de nuevo, los peatones y transeúntes son los damnificados.

Hay una clara invasión del espacio público como se ve en las imágenes.

Hay una clara invasión del espacio público como se ve en las imágenes.

“Como es tan alto el comercio, las ventas, especialmente de perecederos, y los locales no son suficientemente grandes para guardar sus propias basuras, la gente la deja en la calle sin importar a qué horas o cuándo pasará el carro recolector. Por eso, el desaseo que se ve, el mal aspecto y la imagen”, comenta Isidoro Puentes, de un almacén veterinario.

Y es que al ‘camellón de pueblo’ no la visitan sólo los vecinos, sino también neivanos que vienen de otras zonas atraídos por la abundante oferta de toda clase de productos y los buenos precios. El movimiento en los Fruver, supermercados y carnicerías así lo evidencian.

“Viene gente de toda parte porque encuentran variedad. Ya son clientes. Les gusta venir, sin importar las dificultades que somos conscientes que existen, dañando el aspecto, por culpa de los propios comerciantes y de las autoridades responsables”, afirma José Leonardo Reyes, de una tienda de plásticos, quien nos atiende con diligencia.

Problemas de la comunidad

Cuenta que, por ejemplo, para tratar de dar solución a los huecos en la calle, en ocasiones los tapan con deshechos, que aguanten, aunque después el remedio es peor que le enfermedad porque con el invierno y los aguaceros se destapan y la basura tapa las alcantarillas.

“Necesitamos, además del arreglo de la vía, unos reductores de velocidad. Carros y motos transitan a mucha velocidad y ha habido varios accidentes. Con heridos y hasta muertes. Con unos vecinos nos reunimos para poner uno, pero es muy costoso. Más de 500 mil pesos. Es mucha plata”, dijo.

La vía no está en buen estado. Por allí transitan gran cantidad de vehículos.

La vía no está en buen estado. Por allí transitan gran cantidad de vehículos.

Otro problema, como en muchos lugares de Neiva, es la inseguridad. Donde hay comercio y movimiento de gente y plata hay delincuencia. “Y, desafortunadamente, hay áreas o barrios vecinos que tienen gente mala y peligrosa”, destaca Froilán Rojas, vigilante de un Fruver.

El movimiento de público es fuerte casi hasta las 11 de la mañana. Luego se intensifica el recorrido de carros y motos con neivanos que van en busca de almuerzo, congestionado la carrera y aumentando la contaminación auditiva, con pitos y motores.

“La actividad comercial vuelve con furor pasada las 4 de la tarde. La gente corre a aprovisionarse para el siguiente día, a comprar para el desayuno, el almuerzo, a comprar lo que no alcanzó en el día…y así”, dice Magaly Paredes, vendedora de una tienda.

A las 7 de la noche, el sector entra en calma, en reposo, hay tranquilidad, la cual es aprovechada por indigentes o personas de la calle que llegan a rebuscar sobras de alimentos o cualquier elemento que sirva para revender en otra parte.

La oferta incluye un montallantas.

La oferta incluye un montallantas.

Habla la comunidad

Dinora Plazas: Hay reglamentación del Municipio que no permite la venta de alimentos en la calle, no sé porque no lo aplican.

Lunio Rizo: Cámara de Comercio y Alcaldía deberían trabajar juntos con los dueños de ventas para mejorar el aspecto del sector y así llegaría más clientes.

César Fretes: El mercado o está vía que es caso eso debería adaptarse al barrio Santa Isabel como espacio cívico y de convivencia.

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