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miércoles, octubre 21, 2020

La historia de la chilena que le dio la vuelta a Manhattan nadando

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Solamente siete horas y 59 minutos le tomó a Bárbara Hernández darle la vuelta a la isla de Manhattan, en Nueva York (EE. UU.). El miércoles, la nadadora recorrió 47 kilómetros.

Lograr esta hazaña le significó ganarse la triple corona en natación en aguas abiertas, que consiste en este evento, llamado 20th Bridges Manhattan Island Swim, y también cruzar el canal de Santa Catalina (en lo que se tardó diez horas) y el canal de la Mancha (que cruzó en 12 horas). Es la primera persona chilena en lograr este hito.

“Me duele todo después de los 47 km a nado alrededor de Manhattan, pero estoy feliz”, escribió la campeona en sus redes sociales.

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Ponerse su gorra, su traje de baño. Mirar de frente la magnitud del océano, la belleza del paisaje y lanzarse a la temperatura que sea. Bárbara Hernández, de 34 años, nunca pensó que dedicaría su vida a nadar en las aguas más recónditas del planeta.
Pero en 2014 ocurrió lo inesperado: desde Argentina recibió una invitación para participar en el Winter Swimming, una competencia internacional de nado en aguas gélidas que se haría en el glaciar Perito Moreno, en la Patagonia trasandina.

Le ofrecían todo: los pasajes, la estadía por diez días, las comidas, con la condición de nadar en la zona que rodea el glaciar Perito Moreno, en aguas de entre cero y dos grados de temperatura.

Pero me atreví. Nadamos en paralelo, en una playita desde donde se veía el glaciar todo el rato, tan grande que intimidaba. Llegué de primera en la competencia general

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“Allí estaban todos los rockstars del nado en aguas heladas. Y yo nunca había nadado en esas condiciones solo con traje de baño. Ni siquiera había visitado un glaciar”, recuerda Hernández, sentada en una banquita del Estadio Nacional (Santiago de Chile), donde entrena todos los días.

“Pero me atreví. Nadamos en paralelo, en una playita desde donde se veía el glaciar todo el rato, tan grande que intimidaba. Llegué de primera en la competencia general”.

A partir de ese momento no paró y comenzó su carrera de nado en aguas gélidas, primero en campeonatos internacionales, pero también organizando expediciones en Chile. “Es lo que más me gusta”, confiesa.

Fue así como llegó a Aysén, la región de los hielos. Nadó en el glaciar Jorge Montt, el Calluqueo, el Steffens, este último el lugar más helado donde ha nadado en su vida.

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“Para hacer algo así, la aclimatación es fundamental. Practicar en diferentes alturas y temperaturas. Adaptarse al agua fría, mentalizarse… Soy superfriolenta, pero me encanta el agua helada. Siento que el frío te contacta con tu cuerpo, con los colores y los lugares. Es otra forma de hacer deporte”.

Para convertirse en nadadora extrema, las cosas no han sido sencillas.

Al principio, cuenta, debía conseguir los permisos de la Corporación Forestal de Chile o financiar al equipo necesario para sus travesías, que suele ser un barco con personas que velan por su salud (actualmente, una fisioterapeuta, una exnadadora profesional y su novio).

Pero, con el tiempo, sus logros comenzaron lentamente a aparecer en la prensa y así se fue haciendo más conocida.

En 2016, cuando fue al glaciar O’Higgins, conoció al empresario Andrónico Luksic, quien la apoyó –y la apoya hasta hoy– para llegar al Mundial de Nado de Invierno de Rusia 2016, donde obtuvo el primer lugar y se consagró como competidora de talla mundial.

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Hoy figura entre las primeras del ranking mundial de la Asociación Internacional de Nado de Invierno (IWSA). Y el año pasado, después de su desempeño en el Mundial de Rusia 2019, la misma organización la coronó con el primer puesto mundial de la clasificación por nado en aguas gélidas.

Pero Hernández no solo ha tenido logros en competencias deportivas. En 2018 se convirtió en la primera chilena en cruzar el estrecho de Gibraltar y la primera en cruzar el canal de Catalina, en California.

En 2019 atravesó el canal de la Mancha, entre Francia e Inglaterra, y a comienzos de marzo inscribió su nombre en la historia con otra gran hazaña: la primera persona en atravesar el canal Beagle en su longitud total, desde Ushuaia hasta isla Navarino.
“Para mí, nadar en Chile siempre ha sido un sueño”, confiesa.

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Desafíos así los habían hecho casi siempre hombres, así que me decidí

“Estar en contacto con la naturaleza, con la gente del lugar desde el agua, y sobre todo hacerlo en estos lugares, donde no llega casi nadie. Esas son las medallas más importantes que me llevo”.

El camino de una nadadora

La rutina diaria de Bárbara Hernández comienza a las cinco de la mañana. A esa hora se levanta para ir a la piscina del Estadio Nacional, donde nada desde las 6 hasta las 8, aunque a veces está en el agua hasta las 10, especialmente cuando trabaja resistencia.

Tres días a la semana los dedica al levantamiento de pesas y al yoga. También asiste periódicamente a fisioterapia, al nutricionista y a sesiones con una psicóloga.

Esto lo hace en realidad cuando está en Santiago, porque a menudo viaja a Portillo para practicar en las frías aguas de la laguna del Inca, en plena cordillera de los Andes.

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Una disciplina rigurosa que conoce desde niña, cuando a los siete años comenzó a nadar en la piscina de la Universidad de Chile y, más tarde, a competir en torneos convencionales, intentando conciliar todo eso con los estudios.

“Cuando vienes de una familia de esfuerzo, no hay excusa para no hacer lo que debes”, dice Hernández, quien estudió psicología en la misma universidad, hizo un posgrado en esa misma disciplina e incluso ejerció varios años como psicóloga en una municipalidad.

Pero nunca dejó de nadar. Y en el camino, un día conoció el nado en aguas abiertas. “En la universidad, un amigo me invitó a nadar a Valdivia. Hasta entonces nunca había hecho aguas abiertas, y nadamos el cruce entre Niebla y Corral”, recuerda.

En esa ocasión se dio cuenta de que le iba muy bien nadando al aire libre, que era rápida y podía controlar su cuerpo en bajas temperaturas. Hoy se dedica de tiempo completo a esta disciplina.

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Según la Federación Internacional de Natación (Fina), existen dos disciplinas profesionales de nado en el exterior. Está la competencia en aguas abiertas –mar, ríos o lagos, a temperaturas variables– y la de aguas gélidas, con temperaturas de entre menos 2 y 15 grados Celsius.

Hernández mezcla las dos disciplinas, ya que en Chile estas clasificaciones se vuelven difusas. “En Arica quizás tendremos 18 grados, pero el agua en el resto del país es mucho más fría”, dice.

Una vez que decidió dedicarse a este deporte, su primer gran desafío fue cruzar el estrecho de Magallanes. Lo hizo en 2007, usando un traje de neopreno.

“Desafíos así los habían hecho casi siempre hombres, así que me decidí”, cuenta Hernández, quien para hacerlo usó sus ahorros y también recibió el apoyo de amigos como la nadadora Kristel Köbrich, quien le regaló el pasaje aéreo.

“Me tiré al agua a las siete de la mañana. Ver el amanecer sumergida en el estrecho de Magallanes, mirar esos colores rojos, morados fue un sueño”.

Hernández cruzó el estrecho en una hora y 27 minutos. “El agua era azul, pero más transparente y en una zona del trayecto nadé con toninas”.

Desde ese momento no paró. Se fue a nadar el canal de Chacao, en Chiloé, y más tarde partió a Torres del Paine. “Lago que veía era lago que quería nadar”, dice.

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La temperatura no me importaba tanto como el color del agua. Nadie se imagina la cantidad de colores que pueden existir en la Patagonia. Desde el agua de los glaciares, que tiene sedimentos y son muy azules, a los colores muy turquesa”.

Con toda esta experiencia, ponerse como nuevo desafío cruzar el canal Beagle era inminente.

Rumbo sur

Siete kilómetros separan a Puerto Almarza, cerca de Ushuaia, de Puerto Williams, en la isla Navarino. Son dos puntos ínfimos del mapa, y entre ellos se ubica el ancho promedio del canal Beagle.

En el pasado, otros nadadores nacionales, como el histórico Víctor ‘Tiburón’ Contreras, cruzaron el Beagle, pero –según explica Hernández– lo hicieron más al oriente, a la altura del paso Mackinlay, un cruce de 1,3 kilómetros de ancho que une el sur de Tierra de Fuego con la isla Navarino.

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Esta vez, el objetivo de Bárbara Hernández era convertirse en la primera persona en completar el desafío: nadar la extensión total de siete kilómetros.

Como partiría desde Argentina, antes tuvo que pedir permisos en aduana, avisar a las armadas de ambos países y llevar a todo su equipo de trabajo en una embarcación, para que supervisaran su salud a medida que iba nadando. “Estos papeleos son lo más complejo de conseguir”, explica.

Con la autorización en mano, y el apoyo del Ministerio del Deporte, Sernatur, autoridades argentinas, la aerolínea DAP, la marca deportiva Haka Honu y operadores locales, Hernández finalmente se lanzó al mar austral a las ocho de la mañana del dos de marzo pasado. “Decidimos que ese horario era el más seguro”, cuenta.

Tras cada braceo, la nadadora sentía que perdía calor –la temperatura aproximada del agua eran siete grados Celsius–, sobre todo al comienzo, ya que había muchas algas que la enredaban y rasguñaban. En varios momentos pensó que no iba a lograrlo. “Nunca estoy segura de terminar un trayecto hasta que lo hago”, dice.

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“Existe la misma probabilidad de que salga todo perfecto o de que yo termine en el hospital con hipotermia. Por eso, el autocuidado y mi equipo son tan importantes”.

Finalmente, tras una hora, 55 minutos y 33 segundos, Bárbara Hernández llegó a Puerto Williams. Emocionada, levantó la bandera de Magallanes, mientras la ciudad la recibía entre aplausos.

En Williams la esperaba Cristina Calderón, la última mujer yagán, reconocida como tesoro vivo de la humanidad por ser la última persona que habla el dialecto completo de este pueblo originario.

“Fue heavy que estuviera ella, porque ellos (los yaganes) hacían lo mismo que hago yo. Eran mujeres que se metían al agua a cazar a cuero pelado”, dice Bárbara. “La señora Cristina me mandó un montón de bendiciones. Yo le regalé la gorra con mi apellido, para que se acuerde de mí. Fue muy emocionante”.

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¿Cuánto rato puede soportar nadando con ese frío?

No tengo la menor idea. Hasta ahora nadie ha nadado a siete grados por dos horas, ni siquiera mis amigos secos irlandeses, que me escribieron para felicitarme. No sé cuál es el límite, pero ahora sí sé que puedo dos horas. ¿Podré tres? Tengo que probarlo.

Bárbara Hernández está llena de planes. Está empeñada en convertirse en la primera chilena en superar el Reto de Siete Canales, un nado en aguas abiertas por los seis continentes que incluye el canal del Norte (entre Gran Bretaña e Irlanda), el estrecho de Cook (Nueva Zelanda), el canal de Molokai (en Hawái), el canal de la Mancha, el canal de Catalina, el estrecho de Tsugaru (en Japón) y el estrecho de Gibraltar. Una prueba que solo han completado 19 personas.

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Hasta ahora, ¿cuál es el logro que más atesora?

Lo más importante para mí no ha sido necesariamente nadar, sino ser lo suficientemente perseverante como para poder realizar estas hazañas.
Definitivamente, mi corazón está dividido entre la Patagonia, nuestros glaciares, el Beagle y las competencias internacionales, en las que represento a mi país. Ahora quiero ir más arriba, nadar glaciares no tan conocidos, como el Pío XI, y visitar la Antártica. Siempre me estoy proponiendo nuevos desafíos.

MARCELA SAAVEDRA ARAYA
EL MERCURIO (Chile) – GDA

Fuente de la Noticia

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