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La sabiduría de las zonas azules y el gran secreto de la longevidad

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La sabiduría de las zonas azules y el gran secreto de la longevidad
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La longevidad no se logra con poner la idea en la mente y desearla con todas las fuerzas del alma, ni tampoco con tratamientos milagrosos ni con curas mágicas que la garantizan. ¡Basura!, dicen los expertos.

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El mejor consejo es aprender de esa revolución pacífica de la naturaleza representada en la buena vida que llevan los habitantes de las cinco zonas azules del planeta, en donde viven las personas más longevas de la Tierra, con edades que superan los 100 años.

Los principios de las zonas azules “no son una forma de vida pasada de moda, sino una necesidad para nuestras sociedades, fuertemente afectadas hoy por el covid-19. Es hora de cambiar, y esas poblaciones nos muestran el camino”, le dice a EL TIEMPO el belga Michel Poulain, astrofísico de la Universidad de Lieja y demógrafo de la Universidad de Lovaina.

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El científico fue quien bautizó hace 20 años como ‘azul’ la primera zona de longevidad que se detectó en la región de Barbaglia, en el sector montañoso de la isla italiana de Cerdeña, sobre el Mediterráneo, donde se encuentra la comunidad de centenarios más grande del mundo.

Estas son las ‘zonas azules’

El médico gerontólogo italiano Gianni Pes fue quien le informó sobre la existencia de la posible longevidad excepcional en Cerdeña y realizó con él “la validación de estas edades, y fue positiva”, cuenta Poulain.

Pero ese no fue el punto final. “Pasé a estudiar de la longevidad individual a la colectiva de esas poblaciones donde la gente vive más y mejor, y fue cuando encerré con un lápiz azul la región con mayor longevidad en Cerdeña y así nació la primera zona azul, en marzo del 2000”, afirma.

Explica que “en las zonas azules la vida es simple y natural. Más del 90 por ciento de lo que hay sobre la mesa se produce localmente, la actividad física no se detiene a los 65 años y muchas veces continúa hasta después de los 85. La solidaridad familiar y comunitaria es una realidad”.

Más del 90 por ciento de lo que hay sobre la mesa se produce localmente, la actividad física no se detiene a los 65 años y muchas veces continúa hasta después de los 85

Además, “allí son muy pocos los ancianos que están en un asilo o no hay ninguno, como en el caso de mi pueblo, Villagrande”, un municipio italiano de unos 3.700 habitantes en la provincia de Nuoro, donde, también, “la fe en Dios es inquebrantable y los ancianos forman parte activa de la sociedad”.

En América Latina, una de las cinco zonas azules está localizada en la península de Nicoya, en Costa Rica, la segunda comunidad de centenarios más grande del mundo, con una extensión de cerca de 4.100 kilómetros y una población de unos 132.000 habitantes, de los cuales más de 5.000 superan los 75 años de edad, según datos del Centro Centroamericano de Población.

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El investigador y periodista norteamericano Dan Buettner, de National Geographic, fue quien identificó la península de Nicoya como una zona azul, y la pequeña ciudad de Loma Linda, en California (Estados Unidos), fundada en 1970, con solo 19 kilómetros cuadrados de superficie y menos de 20.000 habitantes, donde reside una comunidad de adventistas del séptimo día cuya esperanza de vida es diez años superior a la media de Estados Unidos y de Nicoya.

Pasé a estudiar de la longevidad individual a la colectiva (…) y fue cuando encerré con un lápiz azul la región con mayor longevidad en Cerdeña y así nació la primera zona azul, en marzo del 2000

Igualmente, Buetner identificó en sus viajes como zonas azules a la isla de Okinawa (Japón), sobre el mar de China Oriental, con poco más de 1.200 kilómetros cuadrados de superficie y una población de menos de un millón y medio de habitantes, y la de Icaria (en Grecia), sobre el Mediterráneo, con poco más de 255 kilómetros de superficie y una población de más de 8.400 habitantes.

Pero Poulain y Pes fueron los pioneros. “Descubrí la primera zona azul mucho antes que Buettner. Lo que hizo Dan fue popularizar el término en ‘Los secretos de la longevidad’, un artículo de portada publicado en National Geographic en 2005”, afirma el belga.

Y es que, en general, la población mundial mayor de 60 años está aumentando aceleradamente y, según Buettner, “no estamos preparados para la longevidad”.
“Las personas deben reaccionar ante las facilidades que les ofrece la modernidad y que atentan contra sus vidas. Les sugerimos que eliminen la conveniencia de las tareas diarias, que suban y bajen escaleras, que tengan un lugar para relajarse y reduzcan el estrés, entre muchas otras cosas”, le dice Buettner a EL TIEMPO.
Además, Poulain resalta que “la sociedad rechaza hoy a las personas mayores y las recluye en hogares, donde empiezan a morirse. Se las excluye de la sociedad cuando aún pueden desempeñar un papel muy útil, incluso esencial, lleno de sabiduría”.

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Preocupa el acelerado envejecimiento del mundo. En tres décadas, el mundo albergará a unos 395 millones de octogenarios y nonagenarios, un récord histórico, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Advierte que la población de mayores de 60 años se duplicará y contabilizará en 2.000 millones de personas, un cambio demográfico que será más rápido e intenso en los países de ingresos medianos y bajos y que, en la medida en que las personas vivan más tiempo, también se aumentarán considerablemente los casos de demencia, como el alzhéimer, en todo el mundo.

“El riesgo de padecer demencia aumenta netamente con la edad, y se calcula que entre un 25 y un 30 por ciento de las personas de 85 años o más padecen cierto grado de deterioro cognoscitivo”, afirma.

Más viejos, en general

De aquí al 2050, en los países en desarrollo se multiplicará por cuatro el número de ancianos que no pueden valerse por sí mismos, y desde ahora ya se registra un creciente maltrato contra ellos, alerta la OMS.

Afirma que en las naciones desarrolladas, “entre un 4 y un 6 por ciento de las personas mayores han sufrido alguna forma de maltrato en su casa. En los centros asistenciales, como los asilos, se cometen actos abusivos como maniatar a los pacientes, atentar contra su dignidad al no cambiarlos de ropa o negarles premeditadamente una buena asistencia. El maltrato a los ancianos puede ocasionar daños físicos graves y consecuencias psíquicas de larga duración”.

El envejecimiento del mundo es, por lo tanto, una realidad. En la actualidad, ya “es un acontecimiento sin precedentes en la historia que la mayoría de las personas de edad madura, e incluso mayores, tengan a sus padres vivos, lo que significa que una cantidad mayor de niños conocerán a sus abuelos y a sus bisabuelos, en especial a sus bisabuelas, ya que las mujeres viven por término medio entre 6 y 8 años más que los hombres”, dice Poulain.

En consecuencia, el envejecimiento de la población mundial será una de las grandes y significativas transformaciones sociales del mundo en el siglo XXI y tendrá consecuencias para casi todos los sectores de la sociedad, desde el mercado laboral y financiero hasta la demanda de bienes y servicios como vivienda, transporte, protección social y para la estructura familiar y los vínculos intergeneracionales, advierte la ONU.

¿Qué hacer ante esa realidad y un futuro tan dramático para un mundo que envejece? ¿Cómo aplicar lo aprendido de las zonas azules en las sociedades de hoy?

En las zonas azules, las personas viven mucho tiempo debido a que son apoyadas familiar y comunitariamente y permanecen activas

Poulain responde que identificó en sus estudios “siete principios que deberían ayudar a la gente a vivir más y mejor y que todos ellos son aplicables a nuestras sociedades envejecidas: moverse con naturalidad; comer sabiamente; aumentar el apoyo familiar e intensificar el de la comunidad para mantener a los ancianos activos en la sociedad; tener un propósito en la vida; respetar el planeta y creer en Dios pero, ante todo, sacar a los viejos de los geriátricos y reintegrarlos a nuestras sociedades egoístas”.

Un equipo de varios especialistas médicos, antropólogos, demógrafos, nutricionistas y epidemiólogos, liderado por Buettner, agregó a esa lista de Poulain, entre otras cosas, principios saludables como la reducción del estrés; el hara hachi bu, un precepto de Confucio que sugiere que no debemos comer hasta estar llenos, sino solo hasta el 80 por ciento de nuestra capacidad, y priorizar un dieta rica en frutas, verduras y legumbres, pero un menor consumo de carne, peces y lácteos.

De hecho, Buettner publicó dos libros, uno sobre cocina en las zonas azules, “porque me di cuenta de que el tránsito de las personas a una mejor calidad de vida pasa por la boca”, dice y, otro sobre soluciones prácticas que ayudan a las personas en su cotidianidad. “Cincuenta ciudades de Estados Unidos han adoptado prácticas de salud que les sugerí”, afirma.

Pero el cardiólogo español Valentín Fuster y el periodista Josep Corbella aclaran en su libro La ciencia de la larga vida que “los habitantes de las zonas azules no eligen vivir como viven. No se cuidan porque quieran cuidarse. Simplemente viven como se vive en su comunidad” y que cuidar de la salud no puede considerarse únicamente una responsabilidad individual, sino una tarea colectiva que deben pensar las sociedades del siglo XXI.

Cómo envejecer bien

Envejecer bien depende, por lo tanto, de muchos factores. “La capacidad funcional de una persona aumenta en los primeros años de la vida, alcanza la cúspide al comienzo de la edad adulta y empieza a declinar”, dice la OMS.

El ritmo del descenso originado por el envejecimiento está determinado, en parte, por los genes, pero un 90 por ciento es por el tipo de vida que se ha llevado, como, por ejemplo, “el tipo de alimentación, la actividad física o la exposición a riesgos como el cigarrillo, el consumo nocivo de alcohol o la exposición a sustancias tóxicas”, añade el organismo.

Tenemos, por lo tanto, que sacudirnos frente a la realidad del envejecimiento mundial que nos pisa los talones y comenzar a recrear con urgencia en nuestras sociedades las enseñanzas de vida que nos dejan las zonas azules, según expertos.

En 2018, por primera vez en la historia, las personas de 65 años o más superaron en número a los niños menores de 5 años en todo el mundo y, según el informe ‘Perspectivas de la población mundial 2019’, “en el 2050, una de cada seis personas en el mundo tendrá más de 65 años (16 por ciento), más que la proporción actual de una de cada 11 (9 por ciento).

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“En las zonas azules, las personas viven mucho tiempo debido a que son apoyadas familiar y comunitariamente y permanecen activas. El registro de enfermedades cardiacas, diabetes y otras enfermedades crónicas es muy bajo, la dieta alimenticia es sana, hay actividad física permanente, socializan e interactúan en un entorno más humano y en donde la elección saludable es fácil”, según Buettner. Por lo tanto, el aprendizaje que dejan las zonas azules es de crucial importancia para el futuro de la humanidad.

GLORIA HELENA REY​
Especial para EL TIEMPO

Fuente de la Noticia

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