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viernes, enero 15, 2021

Laura Tobón y su familia | Entretenimiento

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A pesar de los tapabocas y el distanciamiento social, la tarde prenavideña que pasamos con Laura Tobón transcurrió con normalidad: entre risas, confidencias, decoraciones navideñas y complicidad con sus hermanas y su madre, la fotografiamos en la intimidad de su hogar. Hablamos de muchas cosas, entre ellas, el lujo actual de tener salud, a su familia y el amor verdadero, la triada que ilumina su vida. Laura Tobón es una de las presentadoras y modelos más prometedoras de nuestro panorama televisivo. También la vemos generando contenido en su canal de YouTube y en su cuenta de Instagram compartiendo instantáneas de su vida, pero fuera de las redes, su mayor dicha es compartir tiempo de calidad junto a su esposo, el empresario cartagenero Álvaro Rodríguez, y su perrito, Patacón, y poder vivir haciendo lo que le gusta.

A punto de celebrar sus 31 años (cumple el próximo 5 de enero), tiene un discurso claro, talento y empatía. Es analítica, tiene sus proyectos definidos y disfruta junto a sus amigos de siempre. Tras arrollar con su carisma en los realities que ha presentado, ahora sueña con debutar como actriz en alguna serie, “es un proyecto que venía pensando hace mucho y por eso tomé la decisión de materializarlo. Creo que el secreto del éxito es entender el momento en el que vives y darlo todo, y es lo que estoy intentando hacer en cada una de mis clases. Es una profesión muy difícil, y soy consciente de que debo valorar cualquier oportunidad que se me presente”, asegura.Por estos días, su amado Álvaro se contagió de covid-19 y ella se ha sentido muy triste y vulnerable por tener que estar separados. “Le ha dado durísimo, le duele hasta la piel, pero hemos sido muy responsables para no contagiar al resto de la familia”, dice.Con su belleza natural: de tez impoluta (y casi sin maquillaje), cálidos ojos verdes, labios sensuales y piernas infinitas, es una mujer que transmite que se siente bien en su piel y que confiesa que estar en los 30 no le asusta, sino todo lo contrario. “Uno sabe mejor que nunca lo que quiere, ¿no es cierto?”.

¿Cómo han sido estos días conviviendo con el virus en casa?
Lo de mi esposo ha sido un drama porque yo, literalmente, no he entrado a mirarlo y, obviamente, él se siente supertriste. Es un virus que lo aísla a uno, pero ya pasará esto tan complicado. Estamos siguiendo todas las medidas para tener la casa desinfectada y para no contagiarme. Ya me he hecho como tres pruebas y todas me han salido negativas y me siento bien, activa, normal. Pero es un virus muy raro; mi esposo es deportista, come muy sano, sin embargo, le han dado todos los síntomas que tú te puedas imaginar, fiebre altísima, oxigenación de 87, dolor de cabeza y de cuerpo, al pobre le ha dolido hasta la piel, me dice que no puede ni voltearse en la cama… Pobrecito, me tiene muy triste.
¿Qué dice él?
Jamás me había tocado algo tan cerquita y la verdad es que ahí es cuando uno se da cuenta de lo fuerte que es ese virus. Si me hubiera dado a mí también, estaría ahí, feliz arrunchada con él, pero yo no tengo nada; me la paso con tapabocas y con careta, porque si me enfermo termino contagiando a mis papás, a mis hermanas, etc. Cada vez tenemos que ser más agradecidos por lo que tenemos, por nuestra familia. Tan pronto mi esposo salga de esto voy a abrazarlo ocho horas seguidas… Yo he llorado mucho. Esto no nos puede estar pasando.
¿Cómo ha sido sobrellevar este año tan retador en tantos aspectos?
Una de las cosas maravillosas que nos pasaron este año fue la llegada de Patacón. Él llegó el 11 de marzo y empezamos la cuarentena a los pocos días… Este chiquito fue una alegría durante todos estos meses viéndolo crecer, viéndolo molestar… Fue una alegría muy grande para nosotros, porque, literalmente, teníamos algo muy divertido que hacer en la casa, que era estar con él.


¿Cómo llegó Patacón a tu hogar?
Lo que pasa es que Sirilo, el perrito de Álvaro de toda su vida, murió en diciembre; la casa se sentía muy sola y el 10 de marzo le regalé a Patacón y volvió la alegría al hogar. Este ‘niño’ vive para arriba y para abajo y se la pasa a nuestro lado todo el tiempo. Ha sido una gran felicidad durante estos momentos difíciles.
¿Te costó el encierro?
Yo venía viajando como una loca, me montaba en un avión y me bajaba del otro. Vivía viajando por todo el mundo y la pandemia fue un freno en seco para mí, pero fue muy bueno también empezar a trabajar desde casa, el generar contenido creativo desde mi apartamento. Tuvimos que reinventarnos todos. Por ejemplo, tenía un blog de viajes espectacular y lo cambié a un blog de ayuda para muchas fundaciones, porque durante el encierro a la gente no le importaban los tutoriales de maquillaje, de pelo o de moda. La idea era apoyar a la gente que necesitaba una cama, comida, mercados, y todo lo recaudamos con el apoyo de la gente. Me acerqué más a las personas, a lo social, hablando desde el corazón, pensando más en quienes no la están pasando tan bien.
¿Emocionalmente cómo te has sentido?
He vivido como montada en montañas rusas de sentimientos, de emociones; he sentido tristeza, ansiedad, pero después llega la felicidad… no sé, me siento alegre. Hay días en que me siento superalegre, creativa, en los que siento que me voy a comer el mundo, pero hay otros días en los que me he sentido muy bajoneada. Esto nos cambió la vida por completo y ya las prioridades son otras, por ejemplo, millones de veces juré que estaba embarazada durante estos meses (risas).
 





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