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¿Cómo podemos dejar de juzgar a la gente?

No hace falta que dejes de juzgarla, lo que hay que entender es por qué lo haces y cómo lo haces.

Lo único que puedes juzgar es el comportamiento, que es lo que está a la vista, pero no puedes juzgar a nadie, porque la persona que se esconde detrás es un misterio. Puedes juzgar una acción, pero no a un ser.

Y esa acción no tiene relevancia. No se puede juzgar a nadie por una acción. A veces puedes ver a una persona sonriendo. Aunque en la superficie veas una acción, en el fondo esa persona puede estar triste. En realidad está sonriendo porque está triste. No quiere mostrar su tristeza a nadie, ¿por qué mostrar tus heridas a los demás? ¿Para qué? Es humillante. Quizás esté sonriendo simplemente porque en el fondo está llorando.

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Lo primero que tienes que entender es que lo único que ves es el comportamiento, que no es muy relevante. Lo verdaderamente importante es la persona que hay detrás. Y, como no la conoces, eso te llevará a emitir un juicio erróneo. Tú mismo sabes que si alguien te juzga por tus actos, sientes que te están juzgando mal. Tú no te juzgas a ti mismo por tus actos, sino por tu ser. Todo el mundo siente que juzgar es injusto. Sientes que es injusto porque tú tienes acceso a tu ser, y el ser es algo muy grande frente a una acción que es una nimiedad. Una acción no te puede definir, porque es momentánea.

Le has dicho algo a alguien y se ha enfadado, pero no lo juzgues por su enfado porque podría tratarse de una reacción repentina. Probablemente sea una persona muy cariñosa, y si la juzgas por ese enfado, te estarás equivocando. Luego, tu comportamiento con esa persona dependerá siempre de este juicio, estarás esperando que se enfade y pensarás que esa persona es muy irritable. Intentarás evitarla. ¡Estarás perdiendo una oportunidad! Nunca juzgues a alguien por sus actos…, pero, al mismo tiempo, es lo único que puedes ver. Entonces, ¿qué puedes hacer? Simplemente, “no juzgar”.

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Sé cada vez más consciente de la privacidad de cada ser. El ser que hay dentro de cada alma es tan privado que no hay manera de penetrarlo. Tu centro más profundo sigue siendo privado incluso cuando estás enamorado. Es lo que te otorga dignidad como ser humano. A esto nos referimos cuando decimos que el hombre tiene alma. Alma significa algo que nunca puede hacerse público. Hay una parte de ti que siempre está oculta, rodeada de misterio.

Lo único que podemos juzgar es lo que vemos fuera, pero si juzgas lo de fuera, siempre te equivocarás.

Cuando te das cuenta de esto muchas veces, lo entiendes y lo comprendes, ya no tienes que renunciar a los juicios porque desaparecen por sí mismos.

Obsérvalo atentamente. Cada vez que juzgas estás haciendo una tontería porque no concierne a una persona, sino a la acción. Y también estás sacando esta acción de contexto, porque no conoces toda la vida de esa persona. Es como arrancar una página de una novela y juzgar toda la novela por esa página. No es correcto, porque lo estás sacando de contexto.

Es posible que la novela sea completamente distinta y solo hayas leído la parte negativa, la peor parte.

No conoces la vida de nadie en su totalidad. Una persona puede haber vivido cuarenta años antes de que tú la conozcas. El contexto de esos cuarenta años está presente, pero tú ves y juzgas a esa persona por una sola etapa, y eso es un error. Es estúpido. No es relevante en lo que se refiere a esa persona.

Tu juicio habla de ti más que de la otra persona. “No juzgues y no serás juzgado” —eso es lo que dijo Jesús. Tu juicio dice algo de ti y no dice nada de la persona a la que has juzgado—, porque no conoces su historia, no conoces su ser.

Se ha perdido todo el contexto, no queda más que una imagen instantánea, y tu interpretación solo será tu interpretación.
Solo dirá algo de ti.

Cuando lo ves, desaparecen todos los juicios.

FUNDACIÓN OSHA INTERNACIONAL
Para EL TIEMPO

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