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Paulo Quintero, el ciclista que lucha por la conservacion de la danta

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Paulo Quintero, el ciclista que lucha por la conservacion de la danta
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Por: Andrea Cardona.

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Cada kilómetro que el ingeniero ambiental Paulo Quintero recorre en su bicicleta se suma a la labor que emprendió desde hace seis años para salvar la danta de montaña, la cual habita en los bosques altoandinos y de páramo en Antioquia, Chocó, Risaralda, entre otras regiones.

En uno de sus recorridos como deportista y ciclista por la laguna del Otún conoció de cerca a esta especie y le tomó unas fotos. Ese material lo usó para crear postales y contenidos educativos donde difunde la importancia de la danta y cómo se puede conservar.

La primera ruta que hizo cuando nació el proyecto ‘Conservación sobre ruedas’ fue Pereira – Bogotá en bicicleta. Cada año Paulo asiste a la Media Maratón en la capital, pero para el 2014 decidió llegar en su bici y llevar un mensaje ambiental a colegios, veredas, restaurantes y todos los lugares que se encontró en el camino. Imprimió varias de las fotos que ya tenía de la danta y creó varios productos que llevan un mensaje de conservación.

Así surgieron las Rutas de la Biodiversidad, una estrategia donde el ingeniero y triatleta pereirano fusiona su pasión por el deporte, la fotografía y la conservación ambiental. En su bicicleta ha recorrido el Eje Cafetero, parte de Boyacá y Cundinamarca y cada año llega a la media maratón sobre dos ruedas, por distintas carreteras que siempre lo llevan a ese destino, bien sea por el Alto de Letras o por La Línea.

“A estos lugares llevo mi maleta pedagógica ambiental. Poco a poco he mejorado el material educativo y así voy a escuelas lejanas, muchas de ellas en el área de influencia de la danta. Comparto la biodiversidad que tiene el país, la realidad de los bosques altoandinos, efectos de la deforestación, ampliación de la frontera agrícola y otras causas”, dijo el ambientalista.

Movilizarse en bicicleta es para el ingeniero ambiental una manera de despertar el interés de las comunidad y de promover este medio de transporte “yo no soy conservacionista de escritorio, por eso salgo a campo y más aún mi discurso es coherente porque me ven llegar en bicicleta y así logro captar la atención de las personas en las rutas”.

La ruta más reciente que emprendió fue hacia el Quindío. Viajó desde Dosquebradas, dejó la bicicleta en Calarcá y luego trotó hasta la entrada al túnel de La Línea. En ese trayecto compartió tapabocas, adhesivos, rompecabezas y postales alusivos a la danta.

El sueño de Paulo es tener apoyo de alguna empresa o de entidades gubernamentales para apalancar su proyecto desde la investigación y llegar a más lugares. Las rutas las hace con recursos propios. Del país le preocupa la falta de conciencia ambiental, la corrupción de las empresas que ejecutan proyectos con graves consecuencias para el medioambiente y la indiferencia del estado para invertir en iniciativas como “Conservación sobre ruedas”.

“Tuve una mala experiencia como ingeniero ambiental cuando trabajé para un consorcio de Pereira, en un proyecto de reforestación en Nariño. En ese proceso me di cuenta que el presupuesto estaba inflado, había despilfarro y supe que eso no era lo que quería para mi carrera y que debía aportar a la conservación de otra manera», explicó Paulo.

Cada pedaleo deja una foto y un recuerdo que publica en su cuenta de Instagram @conservacionsobreruedas. Espera llegar a más lugares con su amiga la bicicleta y su inspiración la danta de montaña.

Una especie amenazada

Paulo asegura que la danta es una ‘especie sombrilla’ porque de su preservación dependen animales como el puma y el oso de anteojos. El mamífero está amenazado por la deforestación, la ganadería, las quemas de los bosques altoandinos y el calentamiento global.

Según la organización ambiental Wildlife Conservation Society (WCS), capítulo Colombia, “solo el 15 % del hábitat de las dantas de montaña o andinas, otro de sus nombres comunes, está cobijado por Parques Nacionales o por áreas nacionales protegidas”.

Se estima que en Colombia, Perú y Ecuador no hay más de 3 mil ejemplares en vida silvestre.

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