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martes, septiembre 22, 2020

Quién y cuándo: así convencieron a Ochoa Uribe de dirigir al América

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Siguen los homenajes póstumos al médico Gabriel Ochoa Uribe, fallecido el pasado sábado en Cali. Si bien es el entrenador con más títulos hasta el momento en el fútbol colombiano, detrás aparece un directivo que se la jugó por él después de que América de Cali cumpliera 52 años sin celebrar y entendiera que necesitaban un hombre de sus conocimientos y estricta disciplina para sacarlo campeón.

Si bien Ochoa Uribe ganó 7 títulos con los escarlatas y 3 subtítulos de Copa Libertadores, la parte administrativa era conducida por Pepino Sangiovanni, un italiano que llegó a Buenaventura el 5 de octubre de 1959, se casó con una hija de compatriotas suyos que vivían en Colombia: Rosalba Panebianco (q.e.p.d.) y después se enamoró de la gente y el clima de Cali, pero especialmente del América, fervor que alimentó cuando iba a trabajar en los pueblos y amplificaba en su camioneta las transmisiones de Todelar, en esa época con Joaquín Marino López y Fernando Franco García por Radio El Sol.

Desde sus cuarteles de invierno, tan propios en estos días por las restricciones que encierra la pandemia para alguien que cuenta 85 años de edad, Sangiovanni atendió a FUTBOLRED y contó la forma que utilizó para persuadirlo a venir al América de Cali, pero también para evocar anécdotas vividas durante 9 temporadas, que fueron gloriosas para la institución. En su cuenta personal quedaron 7 vueltas olímpicas y los tres subcampeonatos de Copa Libertadores.

Inicialmente, contó cómo se involucró con los escarlatas, ya que entre 1966 y 1969 terminó de encender esa pasión por el equipo, gracias al contacto rutinario con personas del común y en 1970 entró como directivo. “Era socio, fui a una Asamblea y a los pocos días me mandaron una carta en que me decían que había sido nombrado en el Comité Económico. En 1971 ya me subieron a la Junta Directiva y en el 79 ya era presidente, reemplazando a don Ricardo León Ocampo, gerente de del Banco de Colombia, extraordinario señor, yo tuve que aceptar esa responsabilidad, la acepté con gusto porque para mí fue como un padre Ricardo León, siempre me abrió la puerta cuando tenía alguna necesidad, que tenía que construir la fábrica, acepté y me la jugué, y cambié la historia del América, gracias a Dios y al médico Ochoa”.

Aunque confiesa que le dio algo de susto la propuesta, porque a pesar de tener alguna experiencia como directivo, sentía que no estaba preparado para la presidencia. Sin embargo, le pidió consejos a Manuel Correa Valencia, también expresidente, y a Juan Carlos Lorenzo, entrenador de Boca Juniors y amigo suyo, para asumir con mayor confianza dicha responsabilidad.

Pero convencer a Ochoa Uribe no fue tarea fácil. El galeno ya estaba retirado desde 1977, tras ganar 5 estrellas con Millonarios y 1 con Santa Fe. No quería saber nada de fútbol, por eso abrió su consultorio en Bogotá para olvidarse de la pelota. Sin embargo, Giusseppe, como es su verdadero nombre, pidió una cita con él en la capital del país, como paciente. Deduce que el profesional al ver su nombre en la lista sabía perfectamente cuál era su verdadera intención y lo hizo esperar más de 4 horas, pero casi a las 7 de la noche lo atendió.

Pepino dice que después de una larga charla siempre encontró objeciones de parte del médico, algunas de ellas escuchadas a su esposa, Cecilia Perea, quien le recalcaba los pocos logros del club en medio siglo, pero Sangiovanni optó por tocarle el alma con una sugerencia muy especial: “Me parece que el único que puede sacar al América campeón es usted, ¿Se ha preguntado si es campeón con América de Cali, el equipo en que fue arquero cuando tenía 25 años? Ese conocimiento mío lo hizo tirar hacia adelante sobre la silla, completamente relajado, y me habló de sus viajes continuos en ese tiempo de Bogotá a Cali. Le dije que si lo podía seguir llamando y me respondió que cuando quisiera, por lo que le dejé mi tarjeta”.

La sorpresa fue mayúscula cuando Pepino recibió una llamada suya a los tres días para programar una cita. Entonces hizo que Juan José Bellini, gerente deportivo rojo, comprara dos tiquetes a las 6 de la tarde para Bogotá, y al día siguiente se reunieron con el médico Ochoa en el Hotel Tequendama, en un extenso diálogo casi hasta las 4:00 a.m. Recuerda que la última condición para ponerse al frente de la mechita fue que Sangiovanni estuviera en la presidencia. Tuvieron que esperar la asamblea electiva en el Banco de Colombia el 13 de diciembre de 1978, fecha en la que efectivamente se concretó el anhelo de todos. El galeno, al ser entrevistado por RCN Radio en un clásico capitalino en El Campín, confirmó que era el nuevo entrenador escarlata.

Ochoa fue presentado a la prensa deportiva en el Hotel Intercontinental y el 8 de enero del año siguiente inició actividades, en medio de exigencias como mejorar los vestuarios y las canchas de la empresa Águila Roja, que en ese momento era la sede deportiva del club. De hecho, como un agradecimiento, hoy en día permanece allí detrás del arco unas pinturas que pidió el técnico para pulir la puntería de los rematadores.

¿Fue difícil convencerlo? “Sí, difícil, pero gracias a Dios lo convencí, tuvo confianza en mí y aceptó, estuvimos de acuerdo en todo, nunca tuvimos diferencia, siempre manejamos la cosa con mucha cordialidad, entre caballeros nos entendimos”.

También con Antena 2 Cali y el Súper Combo del Deporte recordó detalles, desconocidos para muchos, como la posibilidad de que Diego Armando Maradona fuera jugador del club tras una gira con Argentinos Juniors por el país, e incluso hay una foto del momento con la camiseta de los diablos, todavía muy joven.

“Argentinos Juniors vino a Colombia, jugó contra nosotros, Pereira y creo que contra Millonarios. Me gustaba Maradona por la forma cómo se movía y recuerdo que en ese partido el ‘Kike’ Quiñónez, que era un marcador brillante nuestro, le tocó entregarse exclusivamente para que Maradona no se moviera. Hablé con el médico Ochoa, pero me dijo ‘presidente, si traemos a Maradona hay que traer al papá y a la mamá”.

La memoria de Pepino sigue lúcida a pesar del paso de los años y rememora otra con Roque Raúl Alfaro, volante argentino. “un jugador brillante, pero una vez que teníamos un partido como visitante dijo que le dolía la rodilla, al ver la alineación noté que no estaba. En un partido el equipo viajó a Barranquilla y yo estaba corriendo en la sede cuando vi a Alfaro, cuando se daba cuenta que lo estaba mirando, anda como cojo, pero en otros momentos caminaba bien. Al darme cuenta de esta situación le dije al doctor ‘este señor ya no nos sirve en el América’, y lo liquidé”.

Sin duda, la tristeza más enorme la vivieron tras el pitazo de la final de Copa Libertadores de 1987 que perdieron en el último suspiro con Peñarol: “Fue un gol en la jugada final, cuando ya estábamos esperando la victoria, casi nos morimos de la tristeza, pero ese es el fútbol. Algún día se dará”.

Sangiovanni se explaya en elogios para el desaparecido entrenador: “El doctor Ochoa era un hombre de carácter, equilibrado, un caballero que respetaba la palabra, respetuoso, amigo de sus amigos, dueño de una gran calidad humana, que cuando estaba en su trabajo no permitía que nadie lo molestara, que me parecía lo más justo porque buscaba que su equipo consiguiera los mejores resultados”, agrega el ex directivo.

Hoy, cuatro décadas después, Pepino asegura que no se equivocó. “Cambiamos la historia porque en 50 años nunca América había ganado un título. Traje al médico Ochoa porque era el mejor técnico de Colombia, me convencí que necesitaba un técnico con mentalidad de campeón, él había ganado con Millonarios y Santa Fe, dije que también iba a ganar con América”.

Tras más de 40 minutos de una amena conversación, el presidente más exitoso en la historia de América de Cali, entregó su mensaje de condolencia para la familia Ochoa Perea: “Es algo muy triste, pero esa es la vida y no hay más que hacer, pedirle a Dios que lo tenga en descanso y lo ponga, como merece, en el paraíso”.

Marco Antonio Garcés
Corresponsal Futbolred
Cali
En twitter: @marquitosgarces

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